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¿Por qué no estudia el adolescente?

 

 

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Este tema está dirigido a tus padres. pero creo que es conveniente que lo leas. Aprenderás a comprenderte mejor a ti mismo

 ¡Con lo buen estudiante que era hace unos años...! Se pasaba las horas haciendo deberes, leyendo libros y terminando trabajos con sus compañeros de clase. Pero ahora...; ahora sólo coge un libro dos días antes del examen, parece que todos los profesores del colegio le tienen manía y las notas, por supuesto, han bajado significativamente en la primera evaluación. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no estudia si sólo hace unos años le gustaba mucho? 

Catorce, quince años... No tiene por qué suceder siempre, pero resulta bastante común que esta situación se repita en todos los hogares en los que alguno de los hijos inicia su etapa de adolescente. No hacen falta demasiados estudios ni estadísticas para comprobar que existe una relación directa entre rendimiento escolar y esta etapa de desarrollo. La edad del pavo se extiende hasta las aulas.

 Es comprensible que en esta época exista un bache en los estudios que puede durar semanas, meses, un curso... La entrada en la adolescencia supone un cambio en su actitud hacia el estudio, y es un cambio que se da en todos, en mayor o menor medida. Su duración depende, principalmente, de que nuestro hijo no capitule con esta circunstancia.

 ANTES Y DESPUÉS

Antes de los 14 años no les pasaba esto o les pasaba mucho menos. ¿Cuáles son las diferencias principales entre su estudio de hace unos años y el de ahora?

*        Antes: Tenían un marcado afán de aprender, una curiosidad muy amplia, les interesaba todo. Esto se manifestaba en las continuas preguntas que hacían a profesores, padres, etc.

*       Ahora: Les interesan pocas cosas, y esas pocas cosas suelen estar fuera de los libros de texto. Tienen una curiosidad intelectual reducida. Apenas hacen preguntas sobre el estudio.

*       Antes: Les encantaba destacar en clase y quedar bien ante sus padres, profesores y compañeros. Ser el primero de la clase era una de sus mayores ilusiones. Tenían afán de superación continua en el estudio.

*       Ahora: No les emociona todo eso. Prefieren destacar en otras cosas (ir en moto, por ejemplo) y ante su reducido grupo de amigos.

*       Antes: Eran personas activas. Les gustaba actuar; necesitaban hacer cosas para sentirse bien. Por eso disfrutaban haciendo los deberes escolares.

*       Ahora: Tienden a ser pasivos; permanecen mucho tiempo sin hacer nada; les cuesta mucho comenzar los deberes; se cansan pronto con lo que hacen; se desaniman ante la primera dificultad que surge.

*       Antes: Tenían una actitud favorable hacia el estudio, los profesores y los compañeros. El estudio era su aventura; los profesores, sus héroes; los compañeros, sus amigos.

*        Ahora: Tienen una actitud crítica, y a veces hostil, hacia el estudio ("es un rollo"); hacia los profesores (“me tienen manía”); y hacia los compañeros de clase ("me aburren").

*       Antes: Les gustaba ir cada día al colegio. Lo que allí sucedía era su principal tema de conversación al regresar.

*       Ahora: Les suele fastidiar ir cada día al colegio y evitan hablar con sus padres de lo que allí sucede (sólo lo hacen para quejarse de algo que les molesta).

 

¿QUÉ PASA?

El cambio es radical, pero... ¿por qué sucede todo esto?, ¿cuáles son las causas de ese cambio tan notable? El estudiante adolescente suele ser un estudiante en crisis, porque la etapa que está viviendo es una etapa crítica, problemática. No quiere decir que esta "crisis" tenga un carácter negativo; no es un retroceso... Es un cambio necesario para su crecimiento físico y psíquico. Es una etapa imprescindible para pasar de la infancia a la edad adulta. Tiene sentido positivo porque es una crisis de crecimiento.

 Pero en ese estado de tensión, muchos chicos y chicas no pueden seguir siendo tan buenos estudiantes como a los diez años. La tensión interior obstaculiza seriamente que se centren en el estudio y estudien con aprovechamiento. Pero los obstáculos pueden superarse.

 UNA CRISIS

La crisis adolescente hace más difícil que nuestros hijos quieran estudiar y puedan estudiar. Porque:

Al adolescente no le sirven ya los motivos que tenía antes -en la infancia- para estudiar. No le "emociona" ya ser el primero de la clase y quedar bien ante padres y profesores. Pero lo más preocupante no es eso, sino que no tiene motivos de repuesto.

*       Necesita nuevos motivos...

*       El adolescente está tan “atrapado” por su drama interior que todo lo demás (los estudios por ejemplo) tiene una importancia secundaria.

*      El carácter típico del adolescente está, en principio, muy alejado del “carácter” propio del trabajo bien hecho.

*      El adolescente suele ser:

*       Impaciente (lo quiere todo aquí y ahora),

*       Cómodo (busca lo fácil, huye del esfuerzo),

*      De moral frágil (se desanima ante las dificultades), perezoso (aplaza las tareas, las deja inacabadas)

*      Y anárquico (se resiste a seguir planes y horarios).

*      El adolescente es poco dócil ante las indicaciones de sus padres y profesores. Como se siente inseguro, actúa hacia fuera de modo autosuficiente; es un mecanismo de defensa.

 Estos condicionantes suelen tener una consecuencia: disminuye el rendimiento en el estudio, lo que se convierte, a su vez, en tema de conflicto entre padres e hijos. 

DETECTA Y ACTÚA

Al llegar la primera evaluación suele producirse, en varios casos, una bajada importante en las notas. Y en algunos otros, auténticos batacazos no previstos... y ni siquiera previsibles. A veces, no se esperan estos bajones ni los propios estudiantes, por su falta de objetividad y porque ha variado el centro de sus preocupaciones. Por eso es interesante tener claros los síntomas para detectar el cambio y la crisis y para tranquilizarnos.

 Cuando el adolescente ha seguido una trayectoria de buen rendimiento escolar en los años precedentes, lo más probable es que el bajón en los estudios (grande o pequeño, dependiendo de los casos) se trate más bien de una "consecuencia" de la crisis de crecimiento. Por tanto, habrá que actuar, especialmente, sobre esta “circunstancia” con cariño, autoridad, exigencia, comprensión y seguridad hasta que pase sin dejar cicatrices permanentes. 

EN RESUMEN...

   Los síntomas de un posible bajón en las notas son claros y habrá que tenerlos en cuenta para llegar antes: tendencia a estudiar sólo para pasar los exámenes, estudio con prisas y poco esfuerzo...

 Antes de actuar, hay que tener claro cuál es el problema auténtico: si es que no entienden lo que estudian, si no dedican tiempo, si la causa es afectiva, si su método no es adecuado... Cada problema tiene una solución distinta.

 Ningún estudiante suspende o baja el rendimiento por capricho. Así que, en principio, el adolescente está predispuesto a favor si se le plantean las cosas con tranquilidad. Involucrarle en la solución es más acertado que hacerle objeto de castigo, por ejemplo.

 El fracaso escolar no puede considerarse como un ataque personal a los padres, a causa de unas expectativas exageradas. Además, lleva a perder la razón (cuando no los estribos) y aparta el punto de vista del verdadero problema.

 Es muy interesante demostrar interés por todo lo que concierne al colegio. Participar en las actividades del colegio para padres y hablar a menudo con profesores pueden dar muchas pistas para conocer la situación de los hijos.

 Hay que dar importancia también a otros temas que para él la tienen. Que no sean sólo motivo de bronca o de charlas serias los estudios.

El adolescente necesita urgentemente aprender a motivarse para el estudio, con motivos que interiorice él mismo.

 Antes, incluso, de que se dé algún problema en los estudios, podemos potenciar ciertas actividades, aficiones o gustos del adolescente, apoyándose en ellos para exigirle por otro lado: "sé que te gusta mucho la música y podría prohibírtela, por ejemplo, si suspendieras; pero creo que será mejor llegar a un acuerdo: te reservamos un tiempo en el aparato de alta fidelidad para "tu" música y tú te comprometes a no escucharla mientras estudias".

 

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